A 82 años de su fundación: DE MARANGATÚ A NEPTUNIA

Por GUSTAVO RIVAS (Ex Presidente del Club Neptunia).
En la década de los años 30 del siglo pasado, se dieron grandes cambios en las costumbres de los gualeguaychuenses , los que no solo cambiaron nuestro comportamiento social, sino que en algunos casos originaron el nacimiento de nuevas entidades y la extinción de otras.
El primero de esos hitos, podríamos decir que fue la habilitación del puente hoy llamado Claudio Méndez Casariego en 1931. Ello hizo que nuestros copoblanos de entonces “descubrieran” el Parque donado en 1922 por Saturnino J Unzué que había pasado más de una década abandonado y hasta con peligro de que se revocara su donación. Pero no solamente descubrieron el parque como lugar de paseo y esparcimiento, sino el propio río, ya que hasta esa época no se usaba ir al río
Y de hecho la gran mayoría no sabía nadar. En este último aspecto, cabe recordar al pionero en este deporte: el “Lobo” Pérez, a quien Enrique Piaggio denominara con justicia como “el hombre que enseñó a nadar a Gualeguaychú”
Cuando este despertar de nuestro escenario ribereño empezaba a tomar fuerza, en el otro extremo de la ciudad (ya que por ahí terminaba la parte urbanizada) un grupo de jóvenes ensayaban nuevos deportes que recién se empezaban a conocer entre nosotros. Ello ocurría en el Club Juventud Unida la mas antigua de nuestra entidades deportivas, fundada en 1907. Por entonces los hermanos Cordini : Iván, Miguel y Juan Manuel, oriundos de Paraná , habían traído la semilla del por entonces denominado basket ball que ya había arraigado en varios clubes de aquella ciudad, como Quique, Hindú etc.
Muchos jóvenes gualeguaychuenses, en su mayoría estudiantes secundarios o universitarios, se arrimaron interesados por el novedoso deporte y como se practicaba en una sola entidad, la numerosa adhesión hizo que se formaran equipos internos, todos en Juventud Unida. A la hora de elegir nombres apara esos conjuntos, pesó el consejo de Don Manuel Portela, el poeta del río y amante de las culturas indígenas, por lo que los equipos se llamaron: Marangatú, Charrúas, Ivitú. Poyavá, Temimbotá , Tekó etc.
Aquellos inquietos deportistas tenían tal entusiasmo que no sólo eran practicantes sino también dirigentes. Ellos mismos se construían la cancha con polvo de ladrillo, la marcaban con flejes, organizaban campeonatos y hasta incursionaban en otras actividades deportivas no tradicionales, como el atletismo.
Pero al Presidente del Club, Don Severino Larrea, aquello mucho no le entusiasmaba, ya que le obligaba a distraer recursos que se le retaceaban al fútbol.
Fue en aquella circunstancia, cuando los distintos equipos empiezan a emigrar hacia otros clubes y ello fue a su vez el origen del básquet en Central Entrerriano y Racing Club que en las décadas siguientes brillaron en los escenarios de la Provincia.
Se preguntará el lector a esta altura ¿y que tiene que ver todo esto con el aniversario del Neptunia? Aquí viene:
Uno de esos grupos, concretamente Marangatú, no sólo era cultor del básquet, sino que también se interesaba por lo deportes náuticos, actividad en la que no habían encontrado el apoyo suficiente. Estaba integrado por Pebete Daneri, Lucio J. Martínez Garbino, Julio Burlando, Juan Farabello, Adán Leal y Quiquí Daneri.
Como no tenían un lugar propio en el río para reunirse a hacer sus prácticas deportivas, lo hacían en la punta de la Isla Libertad, en la que su propietario Don Horacio Rébori , padre de tres de aquellos jóvenes: Raúl D., Horacio y Guillermo –Mito- les facilitaba el uso de dos casitas allí existentes, llamadas La Cachola y La Mariola. Pero además contaban con el apoyo logístico de Joaquín Arrate , quien aportaba su casa flotante que fondeaba a pocos metros.
La actividad de aquel grupo fue tan intensa, que un día sintieron la necesidad de un espacio mayor y la vez de organizarse en una forma acorde al crecimiento que iban teniendo. Por eso una noche de verano a fines de 1934, a alguien se le ocurrió la idea de fundar un Club. Decirlo, acordarlo y salir con incontenible entusiasmo a motorizarlo fue una misma cosa.
Es así como en una numerosa asamblea llevada a cabo en el local de la Sociedad Operari Italiana que todavía existe en Montevideo 132, aunque ahora con una actividad que no genera tanto entusiasmo, quedó fundado el nuevo club. Se debatió lo referente al nombre, ya que algunos querían llamarlo Olimpia , en base a los nuevos deportes en boga. Pero predominó Neptunia¸ que era el nombre de una revista náutica muy conocida en la época, que por otra parte concordaba mas con la finalidad estatutaria de “promover los deportes y especialmente los náuticos”.
No todos los integrantes de Marangatú fueron los fundadores de Neptunia, pero fue sin duda el núcleo del que nació la idea. La primera Comisión Directiva estuvo presidida por Don Manuel Portela, un poco mas de años que el promedio de los fundadores, el Secretario fue Luis Filiberti, Tesorero, Cesar Velázquez; y vocales: Luis A. Quaranta, Abelardo Herrero, Angel M. Idiartegaray y Pablo J Daneri. La redaccion del Estatuto se encomendó a Horacio Rébori (h), Luis Filiberti y Ricardo M. Irigoyen, en tanto que el diseño del banderín se encomendó a Enrique Etchegoyen.
A pocas semanas de la fundación, gestionaron y obtuvieron del nuevo Intendente Municipal Don Pedro Jurado, la concesión de un espacio en el parque, en la que hasta hoy funciona su sede balnearia.
La fuerza juvenil que hizo crecer a Neptunia parecía incontenible y ello se denotaba en el asombroso crecimiento de la cantidad de socios. Era como si todos hubieran estado esperando que se fundara una nueva entidad con esa mística. Ya para 1937 durante la primera presidencia del Dr Enrique Darchez, se organizaban competencias de natación que congregaban a los mejores valores de nuestra Provincia y de Santa Fe. Aquellas memorables jornadas culminaban invariablemente con la demostración de saltos ornamentales de dos eximios saltadores: Julio Bibé y Alberto Buschiazzo.
Pero también en lo social, Neptunia vino a llenar un vacío. Los jóvenes de aquella década no se sentían a gusto en los acartonados bailes de La Aurora, la Lira o La Armonia, entidades de bailes fundadas en el siglo anterior, que mantenían sus rigideces como la previa invitación y la rigurosidad en la vestimenta.
Los primeros bailes de Neptunia en su primer local del Cine Moderno en calle 25 de Mayo y luego en el salón del H. Concejo Deliberante, congregaban a multitudinarias cantidades de jóvenes y alcanzaban gran brillo y alegría, por lo que su éxito no paraba de crecer.
Ello fue seguramente uno de los motivos para que empezaran a pasar a la historia los bailes tradicionales por invitación. En la década siguiente el Club Independiente hizo el resto.
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